Cuadernos de la Memoria: Gloria Benavides (o “era una gotita en la C.N.I”)

CNIPS


Por Pedro Lemebel.

Mucho cuesta recordar a la Gotita con jumper de liceo, acompañando a su mamá en la feria libre del barrio. Apenas una mocosa que vivía en esas casas de clase media en San Miguel. Cuando esa comuna brava era el territorio de los hermanos Palestro. El único lugar en Chile donde había un monumento al Che Guevara, en el Parque Gran Avenida, casi frente al colegio donde estudiaba la Benavides, la chiquilla de ojos soñadores que desde chica fue graciosa como una Shirley Temple nacida para el show. Desde Loncoche, su pueblo natal, ella venía pintada para estrella de la nueva ola, con su carita de ángel entonando esas tontas canciones que endulzaban los años sesenta del caramelo al corazón.

La Gotita era modelo de ternura, la niña virginal que cantaba en la matine de los shows radiales, la simpatía adolescente iluminando la portada de revista Ritmo, cuando a los jóvenes coléricos los despeinó la ventolera del twist y el desatado rock and roll. Pero la balada pop de la Gotita nunca fue estridencia, su cancioncita repetía el idilio quinceañe-ro del “muchacho malo mi mal amor”, y nunca se contagió con ninguna letra irreverente . Así su blanda dulzura conquistó a todos los papis de aquella época, que soñaban a sus niñas así, igual de amorosas, rosadamente tiernas, diferentes a esas cabras locas arrancándose el pelo por Elvis o los Beatles.
La Gotita de entonces parecía una princesita hecha para el altar, cuando se casó enamoradamente de blanco con el cantante Pat Henry, y juntos fueron la noticia Colorín Colorado que llenó las páginas de la prensa. Fueron muy felices, tuvieron hijos, y la historia de la Gotita pudo pasar por el zapatito roto de un libro de cuentos que se cierra mágico y tradicional con campanas y azahares. Pero al correr los años, la noticia de la separación conmovió a la opinión pública que tanto se había encariñado con ese ideal de pareja. La Gotita quedaba sola con sus hijas, porque el ingrato marido partió a México dejándola abandonada, ahogándose en un mar de llanto.
Entonces nadie pensaba que ella se iba a reponer tan rápido. Tampoco nadie imaginó que cambiaría su estilo, reapareciendo en la tele como show-woman. Y después en el “Jappening con Ja”, un programa chistoso cargado a la derecha, que le hacía gracias al régimen militar, con su humor grueso esos oscuros años de dictadura.
Allí, la Benavides invirtió la timidez de la Gotita interpretando caricaturas de mujeres fatales, secretarias solteronas y tías patulecas. Y lo hizo bien, conquistándose al público chileno que tanto ama la ridicu-lización de sus personajes populares. De todas sus interpretaciones, la más famosa es la Cuatro Dientes, que ahora triunfa con Don Francisco en Miami, y varias veces ha hecho llorar a todo Chile en el Festival de Viña. La popular Cuatro, una lola proleta a la que se le cae el casette cuando habla silbando por los hoyos pintados de sus caries dentales. Pero resulta que las mujeres pobres no hablan así, tampoco son tan dulcemente brutas, y menos se visten con esos trapos pasados de moda que la Cuatro lleva como uniforme marginal. Ese personaje sólo existe en la cabeza de la Benavides y en la risotada de un país gozoso con el chiste fácil que humilla a los débiles.
Durante los años triunfales de su carrera humorística, nada se sabía de su vida privada. Hasta aparecer en la prensa la noticia policial que la Benavides había quedado viuda de su segundo matrimonio. Lo curioso fue que nadie conocía a ese segundo marido, hasta leer el diario y enterarse que era un agente de la C.N.I muerto a balazos por el hijo del General Contreras, ex jefe máximo de la antecesora e igual de tenebrosa organización (D.I.N.A.). Había ocurrido en una fiesta familiar al más puro estilo película western. Entre dimes y diretes, que te creís tan gallito porque soi hijo del jefe, que no te tengo miedo, que sale pa fuera, que dispara po hueón, que toma Bang Bang. Y el ex marido de la Benavides cayó muerto al suelo como si fuera una escena del “Jappening con Ja”, sin cámaras ni luces pero muy en serio. Entonces el Mamito, con su frialdad de siempre, sopló el cañón del arma, alegó defensa propia, apoyado por los testigos de la fiesta, salió libre y todo volvió a ser como antes. Más bien, casi todo, porque se supo el secreto de la Benavides que en todos esos años nunca había opinado de política.
Entonces, otra vez vimos sus grandes ojos llorosos en las páginas de los diarios. Otra vez la vimos interpretando su viejo papel de Gotita adolescente, dramáticamente cómica, insoportablemente frágil, dudosamente engañada. Como si toda su vida se resumiera en una sola frase de su antigua canción: “Las caricaturas siempre me hacen llorar”.

El ex marido de Benavides fue Joaquin Molina Fuenzalida, mayor de ejército (r) y funcionario del aparato criminal y represivo de la dictadura de Pinochet CNI (Central Nacional de Informaciones)

El día 27 de Octubre de 1973 Joaquín Molina encabezo la comitiva que fue a Río Mayo en Argentina para trasladar a 3 detenidos, Juan Vera, Néstor Castillo y José Rosendo Pérez, que fueron capturados por Gendarmería Argentina cuando escaparon a ese país en busca de refugio político. La comitiva estaba además integrada por el medico José María Fuentealba Suazo, también miembro del Ejercito, un carabinero de apellido Salinas y el suboficial Evaldo Reidlich Hains. Los tres prisioneros fueron subidos a un vehículo con la inscripción del Hospital Regional de Coyhaique y trasladados en dirección a Chile.
Según el desaparecido diario “La Epoca” del 2 de noviembre de 1988, los militares “les comunicaron que sus familias los esperaban en la frontera. Ya en el territorio chileno, la patrulla militar obligo al grupo a subir a una camioneta y emprendió el retorno hacia el campo de prisioneros Las Bandurrias. Horas después el vehículo llego al recinto militar. Solo viajaban en su interior los dos uniformados y el médico. Los tres detenidos nunca aparecieron hasta el día de hoy”. En el mismo diario Maria Erita Vera, hija de Juan Vera señala. “Los prisioneros de Las Bandurrias me dijeron que el Doctor venia pálido, que no hablaba y que temblaba”.

Comparte usando redes sociales...Tweet about this on TwitterShare on Google+Share on Facebook

About the author /


[AUDIO] ROUND DIPUTADA LEUQUEN