La elección interna del PS: microcosmos de la Pentapolítica

Dr. y profesor universitario.

 Berlín, 1979

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Cuenta Carlos Altamirano que, curiosamente, la decisión de provocar la ruptura del PS se tomó nada menos que en la antigua RDA, en un país comunista, en una ciudad –Berlín– comunista y bajo la protección del jefe de Estado de la Alemania comunista: “Nuestras raíces apuntan en una dirección distinta [a las del comunismo], y hemos decidido  restaurar los principios nuestros y nos hemos dividido. Yo represento a una de esas divisiones. No una simple fracción –como otras de las tantas que hemos tenido–, puesto que estamos postulando lo que siempre fue la línea esencial del partido”, dijo en su oportunidad a Honecker. Según el ex mandamás del PS, su figura representaba la tradición y la legalidad del socialismo chileno: “Mi amigo Cloro, en cambio, que representaba a la otra mitad, perseveraba en la línea que había sido tradicional en el comunismo chileno”. El mismo personaje luego añade que: “A decir verdad, no nos atraían los comunistas alemanes, sino, más bien, lo que estaban planteando los comunistas italianos, franceses, yugoeslavos y españoles (‘el eurocomunismo’)… Si el comunismo europeo se estaba renovando y separando de la ortodoxia soviética, ¿por qué nosotros no podíamos también reflexionar al respecto y recuperar nuestras tradiciones? Fue en ese contexto y a partir de esa situación que brotó el movimiento de renovación socialista del cual tanto se ha hablado en Chile. Como tal surgió para recuperar el socialismo social que siempre nos inspiró, y el afán irrenunciable de cambiar la sociedad en el ámbito de humanismo real, no para construir Estados o partidos de acción dictatorial o ‘transiciones’ técnicas con visos de perpetuación… Que posteriormente otros socialistas hayan llevado esa renovación a la identificación completa con el modelo neoliberal, no significa que eso sea parte  de la ‘renovación’… Esta es otra cosa muy distinta. Lo que esos socialistas  han hecho no es ‘renovación’, ni siquiera ‘socialismo’, sino –a mi juicio– lisa y llanamente traición”.

 Escalona y su equipo, ante su debilidad política, envían a la militancia un mensaje psicológico no menor: su triunfo es inevitable y no queda otra alternativa  que sumarse a su campaña. En ese plano se inscribe, también, el uso de la vieja sede del PS de inicios de la transición ubicada en la calle Concha y Toro.  Todo esto en un partido en el que, según las propias señales que emiten sus principales dirigentes, la voluntad del sufragio está crecientemente mediada por el dinero y las expectativas de empleo público.

Santiago de Chile, enero de 2015

Es el último día del año 2014 y recibo un mensaje de voz de Camilo Escalona deseándome un feliz 2015. A una amiga en Valparaíso, le ocurre lo mismo: “Por fin agarro ánimo de fiestas, me sirvo una michelada, salgo al balcón y curiosamente contesto el celular y es ¡un saludo de Año Nuevo de Camilo Escalona! ¿Será un mensaje de destino?… ¿seré yo, señor?”, se pregunta. Un amigo en tanto le cuelga en su muro el siguiente texto: “Y con voz de ultratumba te dijo ‘Queda poquito’”. Yo en tanto, sin prestar mucha atención a la broma, digo en voz baja “en esta elección correrá mucha plata”. En efecto, como todo el mundo sabe, las próximas elecciones del PS no serán una elección más. No es menor lo que se juega en esta instancia: la próxima candidatura presidencial de la Nueva Mayoría (¿DC o PS?) y, sobre todo, la vida o muerte de Camilo Escalona, un duro de matar, y su equipo, un resabio de los socialismos reales.

Es durante la primera semana de enero –siguiendo la táctica de precipitar la elección que ha tomado un año antes, pues, en su lógica, no hay nadie como él para resistir ese training, donde empezó con muchos enemigos y eso le ha permitido, en especial con el tercerismo, ganar tiempo para ir dando vuelta a adversarios conversando de a uno por uno– cuando desde su entorno se hace público que el hombre dispone de cerca de un millón de dólares para enfrentar la contienda interna. De allí que contrata para toda su campaña a los Sol y Lluvia. Los medios tradicionales  dicen que “en el entorno de Escalona responden que los recursos provienen de aportes de militantes y cenas de adhesión, cuyo aporte va desde $20 mil a $100 mil”. Pero todo el mundo en el PS sabe que los recursos vienen de otra parte, de un segmento particularmente interesado en revivir a uno de sus hombres predilectos: desde el partido del orden.

La Pentapolítica: el microcosmos socialista 

La mayoría de los dirigentes históricos que conocen al PS de memoria señalan, con cierto disgusto, en relación a los montos que se divulgan extraoficialmente de los que dispondrá el ex senador, que “esto no se había visto nunca en el PS”. Otros, con el mismo malestar, manifiestan que “esta es otra evidencia más del estado de deterioro ético y político al que ha arrastrado Escalona al PS”. Joan Garcés, en su conocido libro Soberanos e Intervenidos, plantea que una de las condiciones, tomando la experiencia de la transición española, para que el nuevo orden mundial aceptase a partidos políticos de raigambre socialista fue la devolución de los derechos políticos a los ciudadanos bajo la estricta supervisión de los intereses beneficiados (el  consenso de Washington) y la ‘cooptación’  de los equipos dirigentes legalizados y su posterior oligarquización, “requisito sine qua non para ser aceptados en el consenso y percibir su parte alícuota con cargo a los presupuestos del Estado”.

A esta lógica colaboraron diversos caudillos socialistas dispuestos a adaptarse como fuera a las nuevas mecánicas de la distribución del poder una vez iniciada la transición. Para mantener adherentes, ya no desde posturas ideológicas alineadas con el mundo soviético sino mediante la expectativa de inserción en el Estado chileno, Escalona fue destacando en la carrera de aproximación a los poderes fácticos. Uno de sus primeros pasos fue avalar la privatización del agua en los años 90, hasta llegar finalmente a ser uno de los soportes principales de la actual Constitución, pese a las resoluciones de los congresos del PS que han aprobado la tesis de una asamblea constituyente para reemplazarla. El sistema electoral chileno, con la ausencia de control eficaz a los gastos de campaña,  hizo que un marketing cada vez más caro financiado por la gran empresa dominara a la política, llenándola de sonrisas tontas y vaciándola de contenidos. De ese modo los equipos ‘cooptados’  por el poder financiero consolidaron su control sobre las máquinas electorales y dominaron crecientemente la técnica de obtención de recursos financieros de origen negro, no teniendo que rendirlos ante ningún órgano colegiado de la colectividad. El caso Penta ha sido la punta del iceberg del que no escapa ningún partido político del sistema, incluido el PS, eso sí, lejos de la magnitud de los recursos empresariales de los que dispone la UDI, dada la relación económica, familiar y social del gremialismo con los poderosos.

La manifestación explícita del dinero con que el ex líder del PS contará para su campaña rompe la lógica tradicional de las elecciones internas de este conglomerado –en general austeras y con predominio de las clientelas parlamentarias– y la transforma en una disputa donde pareciera estarse jugando la próxima Presidencia de la República. Escalona, ante su creciente descrédito interno, recurre a lo que él considera –no sin cierta razón– lo que hace la diferencia en esta democracia: la disposición de abultados recursos financieros. Escalona y su equipo, ante su debilidad política, envían a la militancia un mensaje psicológico no menor: su triunfo es inevitable y no queda otra alternativa que sumarse a su campaña. En ese plano se inscribe, también, el uso de la vieja sede del PS de inicios de la transición ubicada en la calle Concha y Toro.  Todo esto en un partido en el que, según las propias señales que emiten sus principales dirigentes, la voluntad del sufragio está crecientemente mediada por el dinero y las expectativas de empleo público. Un mercado interno que en esta elección tendrá su mayor burbuja especulativa. Con todo lo que está pasando y la incidencia  del dinero en la política, Escalona es un muy buen ejemplo de la situación por la que atraviesa la actividad pública hoy: podría ganar perfectamente aunque eso signifique la consumación definitiva del quiebre del PS. En esa lógica se inscribe la decisión del ex factótum de Bachelet de designar como encargado de su campaña a alguien de su máxima confianza: Patricio Tapia.

¿Otra vez la RDA?

Es febrero-marzo de 1985 y viaja  a Berlín una extensa delegación de socialistas-almeydistas a las escuelas de cuadros que preparaba, en conjunto con el gobierno alemán y su policía secreta (la Stasi), el secretariado exterior de la Juventud Socialista residente en esa ciudad. Los encargados de recibirlos eran nada menos que Patricio Tapia y el conocido Juan Samuel, quienes hacían la triangulación tanto con el gobierno alemán como con la policía secreta de la RDA –la misma que le advirtió a Altamirano que Pinochet asesinaría a Prats en Buenos Aires sin que el secretario general pudiera hacer llegar a tiempo la advertencia al general–, pues, como se sabe, los militantes viajaron con pasaportes falsos y con destinos a  ciudades a las que nunca llegaron.

Patricio Tapia Santibáñez había sido dirigente estudiantil en Concepción y luego del Golpe fue detenido y estuvo un tiempo preso. Es por esta razón que no pocos creen que él nunca tuvo formación militar ni en la RDA ni en Moscú, pues los servicios secretos de ambos países se preocupaban bastante bien de evitarse refugiados con cola –aquellos que se habían pasado al adversario o que eran un señuelo a través del cual se accedía a la organización–. Es por ello que algunos lo asocian viviendo su exilio en Holanda aunque, la prueba indesmentible  de su adscripción al secretariado exterior y su vínculo con la policía secreta, era su papel en el comité de recepción a los militantes que desde Chile asistían a las escuelas de formación.

Luego del episodio Jaime López y la caída de dos direcciones sucesivas del PS, que caló profundo en el secretariado exterior, Camilo Escalona fue mandatado por el propio Clodomiro Almeyda para regresar a Chile a hacerse cargo del frente interno, lo que significó que en Alemania fueran ascendidos a esas tareas otros miembros de su entorno, entre ellos Patricio Tapia. Él es parte de esa generación de militantes que se alejaron de la tradición independiente del socialismo chileno y que abrazaron la subordinación al “socialismo real” después de la tragedia de 1973, pero cuya debacle los hizo pasar de la nomenklatura de los aparatos a los cargos bien remunerados en el Estado chileno. En su paso por Correos de Chile fue acusado en 2002 por los sindicatos de esa entidad de recibir un oneroso bono por productividad, como resultado de una autoevaluación realizada por los propios ejecutivos de la estatal. Fue requerido por el pleno del Comité Central del PS ante el Tribunal Supremo (TS) que dirigía otro cercano a Escalona, Carlos Tapia, ex presidente de Colo-Colo, para que devolviera el monto del bono. Nuca se supo si lo hizo y menos si recibió una sanción, como tampoco la hubo en 2010, cuando fue requerido por militantes nuevamente al TS de la colectividad por permanecer como gerente de Correos una vez que fue ratificado por Sebastián Piñera. En la oportunidad, se defendió diciendo que “no hay incompatibilidad entre esa labor y su militancia en el PS, por tratarse de un trabajo eminentemente técnico, sin injerencia en decisiones políticas”. En tanto, el vicepresidente del PS en la época, Juan Valdés, indicó que “Tapia violó resoluciones del Comité Central y de la propia Comisión Política, los que establecieron claramente que es incompatible desempeñar funciones de ese tipo con la calidad de militante socialista”. Valdés señaló en la oportunidad que la presentación ante el TS se fundamentaba en que era incompatible, según los estatutos, ser militante del PS y funcionario de confianza del gobierno de Sebastián Piñera. El 4 de agosto de 2010 el nuevo directorio de correos designó a un nuevo gerente general. Hay que recordar, además, que Tapia fue el último secretario de finanzas de la mesa directiva que encabezó el senador Camilo Escalona hasta febrero de 2010. En esa función ejercía como el hombre encargado del dinero destinado a la última campaña electoral de 2009, la que endeudó a la colectividad en 620 millones de pesos y obligó a la mesa de transición, que dirigió el senador Fulvio Rossi, a pedir un crédito a 60 meses plazo para saldar la cuenta. Y es que Tapia, como tantos otros, forma parte de esa extensa red que alguna vez se llamó la Camilopedia y donde se premia la funcionalidad al aparato. Ese núcleo dirigencial tiene la cultura de las escuelas de cuadros de lógica muy distinta a los liderazgos de masas históricos del PS, con mucho cable a tierra y con sentido de realidad. Aquí no, aquí se puede ir contra la realidad para garantizarse un espacio en el partido y luego en el Estado, que es adonde finalmente se apuesta llegar. Y con algún aterrizaje posterior, en la medida de lo posible, en el mundo privado.

¿Y entonces quién ganará en el PS?

Escalona es ahora el socialista preferido de los grandes empresarios, con una gran habilidad para hacerse un espacio entre ellos y reunir recursos. Isabel Allende, en tanto, que ha sentido ya parte del impacto, ha reiniciado su carrera para presidir el PS con actos masivos, como ocurrió en Temuco.  Es por ello que algunos dirigentes históricos insisten en la necesidad de la tercera lista que, ante el microcosmos Penta que se apodera del PS, sea capaz de preservar y mantener en alto las banderas históricas de dicha agrupación al margen del poder del dinero. Sin embargo, nadan contra la corriente: guardando las proporciones y distancias, el partido de Allende ya se está aproximando a la pendiente de la pentalización de la política.

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