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El Casino de Bomberos renace en Coyhaique: la picada que el fuego no pudo apagar

Tras 37 años de historia, un incendio intencional en 2024 y una mudanza en 2026, la cocina de Sara San Martín sigue sirviendo cazuela, caldillo y empanadas en Almirante Barroso 553.

Víctor Reyes3 min de lectura
El Casino de Bomberos renace en Coyhaique: la picada que el fuego no pudo apagar
La señora Sara San Martín y su equipo del Casino de Bomberos de Coyhaique, ahora en Almirante Barroso 553.

Hay rincones en Coyhaique que no están hechos de cemento ni de madera, sino de afecto y recuerdos compartidos. Para quienes han caminado sus calles sintiendo la escarcha calar los huesos, el antiguo Casino de Bomberos jamás fue un simple restaurante: fue, por más de tres décadas, el abrazo cálido del mediodía y un refugio térmico en el corazón de la Patagonia. Así lo recuerda la crónica publicada originalmente por El Divisadero, que repasa la historia de un espacio nacido en 1989 al costado del cuartel de la Primera Compañía, en General Parra 365.

Bajo el ala de la familia de la señora Sara San Martín, el Casino creció sin prisas ni distinciones sociales. La mesa era un espacio democrático donde el pionero de manos curtidas por el viento se sentaba al lado del turista maravillado, del vecino de toda la vida o del político famoso. En 2012, la propia comunidad lo coronó como “La mejor picada”, un título que oficializaba lo que el corazón ya sabía: que en ningún otro lugar la cazuela de vacuno humeaba con tanta nostalgia, ni el caldillo de congrio devolvía la vida con tanta fuerza. Y estaban, por supuesto, sus legendarias empanadas fritas, crujientes y jugosas, servidas con la sonrisa inolvidable de rostros entrañables como el del querido Rudy Haverbeck.

El golpe llegó la madrugada de abril de 2024. Un incendio intencional y absurdo devoró el cuartel y golpeó con saña al Casino. Las paredes ennegrecidas, reducidas a escombros y cenizas mojadas, dejaron una sensación de orfandad profunda: parecía que el fuego se llevaba también las risas, los almuerzos domingueros en familia y los brindis del pasado. El texto no identifica a los responsables del siniestro, pero sí deja claro su carácter intencional y el daño concreto sobre un espacio que era patrimonio cotidiano de la comunidad.

La respuesta vecinal fue inmediata. Apenas tres meses después, en el invierno más crudo de 2024 y con temperaturas que congelaban el aliento, la señora Sara y su equipo volvieron a encender los fogones entre las ruinas. Aquellas filas interminables de coyhaiquinos esperando su comida para llevar bajo la nieve no eran por hambre física: eran un acto de amor puro, una declaración de resistencia. La comunidad le estaba diciendo a su picada: “No están solos, no los dejaremos caer”.

El inevitable paso del tiempo obligó a un nuevo adiós en 2026 para permitir la reconstrucción del nuevo cuartel. La mudanza definitiva a Almirante Barroso 553, bajo el nombre de “El Casino”, cerró un capítulo físico, pero abrió uno eterno. Hoy las empanadas siguen saliendo doradas y el aroma a hogar inunda el nuevo espacio. Cambió la dirección y la estructura, pero el alma permanece intacta.

Queda pendiente, eso sí, la reconstrucción del cuartel de la Primera Compañía y la restitución plena de un espacio que durante décadas fue punto de encuentro en el centro de Coyhaique. El Casino demostró que las llamas pueden destruir el roble y el zinc, pero jamás podrán apagar el sabor de la resiliencia ni los recuerdos de un pueblo que se niega a olvidar, según se mencionó en El Divisadero. Están todos invitados a esta nueva era del Casino.

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Víctor Reyes
Redacción · 3 de noviembre de 2026 · 00:36

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