EL GOBIERNO QUE REMA HACIA ATRÁS: ATRAPADO EN SUS PROPIAS REDES: RENUNCIA SUBSECRETARIO DE HACIENDA
Subsecretario de Hacienda renuncia, tras arrojar positivo en test de drogas

Al llamado “Gobierno de Emergencia” se le está acabando la épica antes de terminar de instalarse. El Plan Quiroz pierde credibilidad política y social, la megarreforma enfrenta vientos cada vez más adversos y La Moneda comienza a parecerse a una embarcación cuyos tripulantes abandonan sus puestos mientras el capitán insiste en que todo marcha de acuerdo con la carta de navegación.
La última escena retrata perfectamente la paradoja: Juan Pablo Rodríguez salió de la Subsecretaría de Hacienda después de que la primera muestra de un segundo examen arrojara resultado positivo en un test de drogas. Él niega consumirlas, atribuye el resultado a un posible error y todavía está pendiente la contramuestra. Esa precisión es necesaria. Pero también es inevitable señalar la contradicción política: el Gobierno que transformó los controles antidrogas en espectáculo público y credencial de superioridad moral terminó atrapando en esa misma red a una de sus autoridades económicas, precisamente cuando Hacienda necesita todas las manos para sostener su tambaleante megarreforma.
La situación recuerda la antigua leyenda de Zaleuco de Locros, legislador griego que estableció un severo castigo y luego vio cómo la ley alcanzaba a su propio hijo. La enseñanza sobrevivió durante siglos: quien dicta reglas para castigar a los demás debe estar preparado para aplicarlas cuando la transgresión aparece dentro de su propia casa.
Eso es lo que hoy enfrenta el republicanismo instalado en La Moneda. Un sector que convirtió su religiosidad pública, el orden y el castigo en certificados anticipados de virtud descubre que la moral declamada no inmuniza contra las contradicciones humanas ni reemplaza la responsabilidad política.
Tampoco puede separarse esta crisis del hombre escogido para conducir la economía: Jorge Quiroz, presentado como la gran cabeza técnica de un Gobierno respaldado por los grupos empresariales más poderosos. Su trayectoria profesional aparece vinculada, como asesor o autor de informes, a empresas investigadas y sancionadas en los casos de colusión de los pollos, las farmacias, el asfalto y las navieras. En la colusión avícola, incluso, los antecedentes judiciales identificaron el llamado “modelo Quiroz” utilizado para estimar demanda y producción.
A ello se suma el caso MOP-Gate. Gloria Ana Chevesich —entonces ministra en visita, no fiscal— sometió a proceso a Quiroz, quien pasó dos noches en la cárcel de Capuchinos. En 2014, la Corte de Apelaciones de Santiago lo condenó como coautor de fraude al Fisco a 41 días de prisión y al pago de aproximadamente 13 millones de pesos. En 2016, la Corte Suprema lo absolvió. No fue un “perdón”, jurídicamente hablando, sino una absolución; pero políticamente resulta inevitable recordar que quien hoy administra las arcas fiscales estuvo procesado, encarcelado preventivamente y condenado en segunda instancia precisamente por fraude al Fisco.
El casco gubernamental, mientras tanto, continúa perdiendo piezas: 24 seremis habían dejado sus cargos en menos de 130 días, a los que ahora se agrega otra baja en el corazón del equipo económico.
El paralelo con el Titanic no consiste en repetir que todo fue culpa de un “acero malo”. La evidencia posterior apuntó también a remaches de hierro frágiles bajo temperaturas extremas. El iceberg produjo la colisión, pero las debilidades de la estructura multiplicaron el daño. En La Moneda ocurre algo parecido: cada renuncia puede parecer un accidente aislado, pero veinticuatro salidas regionales, subsecretarios que abandonan el barco, descoordinación política y una reforma económica a la deriva revelan que el problema no es solamente el temporal. También es la calidad de la estructura con que se construyó este Gobierno.
Durante un Mundial se hizo famosa la imagen de futbolistas remando juntos para demostrar coordinación y avance colectivo. Aquí sucede exactamente lo contrario: mientras Quiroz intenta remar hacia adelante con su megarreforma, las renuncias, las contradicciones y la soberbia política empujan la embarcación hacia atrás.
El “Gobierno de Emergencia” prometió orden, autoridad y eficiencia. A cuatro meses de iniciado, ofrece rotación de autoridades, improvisación y una paradoja política difícil de ocultar: levantó redes para atrapar a otros y terminó enredado en ellas.
No es persecución. No es mala suerte. Es el resultado de gobernar con superioridad moral, fragilidad política y un casco construido para favorecer a los poderosos, pero demasiado débil para resistir sus propias contradicciones.
Comentarios (3)
- Lectora de Coyhaique
Excelente cobertura. Ojalá se profundice en el impacto para las comunidades.
- Redacción Viento Patagón
Gracias por leernos. Estamos preparando una segunda entrega con ese foco.
- Vecino de Aysén
Tema clave para la región. Importante seguir informando con rigor.
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