Landerretche advierte que la prosperidad no basta para sostener una sociedad
El decano de la FEN alerta sobre una década de estancamiento, el fin del sueño de movilidad social y el riesgo de la IA para millones de trabajadores.

Chile lleva una década perdiendo terreno frente al mundo y el problema va mucho más allá del crecimiento. Así lo plantea el economista Óscar Landerretche, decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile y expresidente de Codelco, en un capítulo especial por los 14 años de La Mesa, según se mencionó en El Mostrador. “Nosotros nos estamos achicando en relación al mundo”, advierte.
El diagnóstico tiene consecuencias directas para la vida cotidiana: el sueño de movilidad social que se prometió durante los 90 y 2000 se desvanece, y con ello se debilita la expectativa de que el esfuerzo de las familias se traduzca en mejores ingresos y servicios. Para la Región de Aysén, como para el resto del país, un estancamiento prolongado se traduce en menos espacio para competir y en una presión mayor sobre quienes dependen de un empleo formal.
En su nuevo libro, Charchazo: el desarrollo en la era de la violencia, Landerretche plantea que el estancamiento económico y el aumento de la violencia son dos caras del mismo fenómeno. “Cuando hay poco espacio, cuando hay menos recursos y yo tengo que competir duro en un juego de sillas musicales, yo me pongo más violento”, dice el economista. La escasez de recursos, entonces, no solo afecta el bolsillo: también erosiona la convivencia y la seguridad en los territorios.
La inteligencia artificial amenaza con agravar el problema. La tecnología permite crear enormes fortunas sin necesariamente generar empleos, y el capitalismo sin trabajadores enfrenta un problema político. Landerretche pone como ejemplo a los países petroleros, donde enormes riquezas conviven con economías que necesitan muy poca mano de obra. Pero repartir dinero tampoco resuelve todo: “La gente no puede vivir simplemente como un hámster al que tú le tiras como comida […]. Eso no funciona. No funciona psicológica y socialmente”.
Frente a este escenario, su propuesta es dejar de hablar de política industrial y comenzar a hablar de desarrollo productivo. “El Estado induce y genera ciertos incentivos, fomenta ciertas cosas, pero en realidad ese proceso de desarrollo productivo lo hace el sector privado”, sostiene. Un mensaje que desafía tanto a quienes creen que el mercado lo resuelve todo como a quienes esperan que el Estado sea el protagonista.
Lo que queda sin resolver es cómo revertir una década de estancamiento y cómo evitar que la automatización deje atrás a millones de trabajadores. La prosperidad material, por sí sola, no garantiza cohesión social, y el texto no ofrece una respuesta cerrada sobre qué hacer en Chile. El debate queda abierto, de acuerdo con lo informado por El Mostrador.
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