Las cuentas secretas de Pinochet: fortuna oculta, identidades falsas y las acusaciones de narcotráfico que nunca llegaron a sentencia
Una investigación del Senado de Estados Unidos reveló que Augusto Pinochet escondió millones de dólares mediante bancos extranjeros, sociedades instrumentales, nombres falsos y documentos adulterados.

En Chile, la justicia vinculó parte de su patrimonio con recursos públicos malversados.
En Chile, la justicia vinculó parte de su patrimonio con recursos públicos malversados. Paralelamente, testimonios y documentos relacionaron a integrantes de su familia y de la dictadura con narcotraficantes, aunque nunca se probó judicialmente que el ex Capitán General dirigiera una red de cocaína.
Durante años, Augusto Pinochet proyectó ante sus partidarios la imagen de un militar austero que había dedicado su vida al Ejército y al país. Esa representación comenzó a derrumbarse en julio de 2004, cuando una investigación del Senado de Estados Unidos descubrió que el exdictador mantenía cuentas secretas en el Riggs Bank de Washington.
La revelación no se limitaba a la existencia de algunos ahorros no declarados. Los antecedentes mostraban una estructura financiera diseñada para ocultar al verdadero propietario de millones de dólares: cuentas abiertas bajo nombres alterados, sociedades creadas en paraísos fiscales, pasaportes falsificados, movimientos fraccionados de dinero y la colaboración activa de ejecutivos bancarios.
El hallazgo dio origen en Chile al llamado Caso Riggs, una investigación que expuso una fortuna incompatible con los ingresos conocidos de Pinochet y terminó estableciendo que parte de esos recursos provenía de caudales públicos.
A esa historia se sumaron antiguas denuncias sobre tráfico de armas y narcotráfico. El exdirector de la DINA, Manuel Contreras, acusó directamente a Pinochet de enriquecerse mediante la producción y exportación de cocaína. Investigaciones posteriores encontraron vínculos comerciales entre hijos del exdictador y personas relacionadas con narcotraficantes internacionales.
Sin embargo, es necesario separar lo que fue acreditado judicialmente de aquello que permaneció como denuncia, indicio o antecedente no suficientemente corroborado.
El banco de presidentes que escondió el dinero de un dictador
El Riggs Bank era una de las instituciones financieras más antiguas y prestigiosas de Washington. Por sus dependencias habían pasado embajadas, diplomáticos, mandatarios y familias influyentes. Esa cercanía con el poder internacional terminó convirtiéndose también en una de sus mayores debilidades.
Una investigación del Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado estadounidense descubrió que el banco mantuvo durante años relaciones financieras secretas con Augusto Pinochet, incluso cuando este se encontraba sometido a investigaciones y medidas judiciales internacionales.
El primer informe del Senado identificó cuentas y depósitos vinculados al exdictador. Una revisión posterior amplió la pesquisa y estableció que el Riggs había administrado una red considerablemente mayor de productos bancarios y sociedades relacionadas con Pinochet y su familia.
El banco conocía la identidad del verdadero cliente. Aun así, permitió que las cuentas funcionaran con nombres diferentes, omitió controles reforzados aplicables a personas políticamente expuestas y evitó informar adecuadamente operaciones sospechosas.
Entre agosto de 2000 y enero de 2003, el Riggs convirtió alrededor de US$1,9 millones pertenecientes a las cuentas asociadas a Pinochet en cheques de caja por montos menores. Estos fueron trasladados y entregados en Chile, una operación que reducía la visibilidad del movimiento global del dinero.
La actuación del banco fue particularmente grave porque algunas de esas maniobras se produjeron cuando existían resoluciones destinadas a congelar los bienes de Pinochet como consecuencia de su detención en Londres.
El Riggs no fue simplemente un lugar donde el exgeneral depositó dinero. Según los investigadores estadounidenses, ejecutivos de la institución colaboraron para administrar, desplazar y ocultar los fondos.
El banco terminó admitiendo graves incumplimientos de la normativa estadounidense contra el lavado de dinero y recibió una sanción penal de US$16 millones. El escándalo destruyó su reputación y contribuyó decisivamente a su desaparición como institución independiente.
Diez nombres y pasaportes que no correspondían a su identidad real
Uno de los aspectos más reveladores de la investigación fue el uso de múltiples identidades para separar formalmente a Pinochet de sus cuentas.
Los investigadores del Senado encontraron aproximadamente diez nombres o variaciones nominales utilizados en documentos y registros financieros. Entre ellos aparecían:
Augusto Ugarte;
José Ramón Ugarte;
Daniel López;
A. P. Ugarte;
José Pinochet;
otras combinaciones parciales de sus apellidos y nombres.
Los registros obtenidos del Riggs Bank y de Citibank indicaron que se presentaron pasaportes falsificados a nombre de Augusto Ugarte y José Ramón Ugarte para identificar cuentas relacionadas con el exdictador. La fotografía utilizada correspondía a Pinochet, pero los nombres habían sido modificados.
Esta distinción es relevante: no todos los nombres detectados necesariamente correspondían a un pasaporte diferente. Algunos eran alias bancarios, abreviaciones o variaciones incorporadas a registros financieros. Por ello, resulta más riguroso hablar de múltiples identidades y documentos falsificados, y no atribuirle una cantidad exacta de pasaportes sin explicar qué contabiliza esa cifra.
Las identidades alternativas cumplían una función práctica: dificultaban que los sistemas de control bancario reconocieran que el beneficiario era Augusto Pinochet, exjefe de Estado, excomandante en jefe del Ejército y persona sometida a investigaciones internacionales.
No se trató, por tanto, de simples errores administrativos. Era un método de ocultamiento patrimonial.
Sociedades de papel y millones difíciles de justificar
Las cuentas no estaban únicamente a nombre de personas. También se utilizaron sociedades instrumentales creadas para administrar inversiones y ocultar a sus beneficiarios reales.
El dinero fue distribuido entre bancos, depósitos, inversiones y entidades jurídicas ubicadas en distintos países. Esta fragmentación dificultó reconstruir el patrimonio total y explica por qué las cifras publicadas sobre el caso varían.
Algunos informes hablan del número de cuentas; otros cuentan sociedades, depósitos, inversiones o relaciones bancarias. Del mismo modo, existen diferencias entre:
el patrimonio total investigado;
el dinero considerado injustificado;
las sumas vinculadas a malversación;
los fondos efectivamente decomisados;
y los bienes que posteriormente fueron objeto de demandas civiles.
La investigación chilena llegó a examinar un patrimonio superior a US$20 millones. Esa cifra no significa que cada dólar fuera declarado ilícito mediante una sentencia penal. Sí permitió comprobar que los ingresos oficiales de Pinochet no explicaban el tamaño de su fortuna.
El Caso Riggs en Chile
Después de conocerse la investigación estadounidense, el Consejo de Defensa del Estado presentó acciones judiciales y la justicia chilena inició una causa por malversación de caudales públicos, fraude tributario, falsificación de documentos y otros delitos relacionados.
Pinochet fue interrogado y sometido a procesamiento mientras aún vivía. Sin embargo, murió el 10 de diciembre de 2006, antes de que existiera una sentencia penal definitiva en su contra.
Su fallecimiento extinguió su responsabilidad penal personal. Esto suele ser utilizado por sus defensores para afirmar que nunca fue condenado por corrupción. La afirmación es formalmente cierta respecto de una condena penal definitiva contra él, pero omite la razón principal: Pinochet murió mientras el proceso todavía estaba abierto.
La investigación continuó contra sus colaboradores.
En 2018, la Corte Suprema resolvió la causa y condenó a tres militares retirados por su participación en la malversación de recursos. También ordenó el comiso de aproximadamente US$1,6 millones relacionados con el patrimonio de Pinochet y sus sociedades.
Esa suma no representaba toda la fortuna investigada, sino aquella que el máximo tribunal consideró jurídicamente susceptible de decomiso dentro de la causa penal.
Otros fondos incautados permanecieron durante años bajo custodia judicial. En 2023 se informó del traspaso de unos US$3,4 millones que no habían sido reclamados por los herederos dentro del plazo correspondiente.
La justicia civil y la devolución de más de US$16 millones
La dimensión patrimonial del caso no concluyó con la sentencia penal.
El Consejo de Defensa del Estado impulsó una demanda civil contra los herederos de Pinochet bajo la figura del provecho obtenido por el dolo ajeno. La acción buscaba recuperar la parte del patrimonio ilícito que no había sido decomisada en la causa penal.
En julio de 2025, el Séptimo Juzgado Civil de Santiago acogió la demanda en primera instancia y determinó que los ingresos injustificados de Pinochet alcanzaban al menos US$17.886.323,20.
De acuerdo con esa resolución, los recursos provenían principalmente de gastos reservados asignados a organismos como la Presidencia de la República, la Casa Militar y la Comandancia en Jefe del Ejército.
El tribunal ordenó a los herederos restituir al Estado US$16.244.768,74, correspondientes a la parte del patrimonio de origen ilícito que no había sido objeto del comiso anterior.
La distribución de la obligación debía realizarse según la participación de cada heredero en la sucesión. Al tratarse de una sentencia de primera instancia, podía ser apelada y no debía presentarse como una resolución definitivamente ejecutoriada.
Este fallo reforzó una conclusión que ya aparecía en la causa penal: la fortuna oculta no podía explicarse únicamente por inversiones privadas, ahorros familiares o donaciones. Una parte relevante había sido vinculada judicialmente con la apropiación de fondos pertenecientes al Estado.
Los “pinocheques”: el escándalo anterior al Caso Riggs
La historia de los negocios de la familia Pinochet había comenzado mucho antes de descubrirse las cuentas estadounidenses.
En 1989, durante los últimos meses de la dictadura, el Ejército compró la empresa Valmoval, vinculada a Augusto Pinochet Hiriart, hijo del entonces comandante en jefe. La operación fue pagada mediante tres cheques por aproximadamente $971 millones de la época.
El episodio pasó a conocerse como el caso de los “pinocheques”.
La investigación sobre el negocio provocó fuertes presiones militares durante el gobierno de Patricio Aylwin. En diciembre de 1990 se produjo el denominado Ejercicio de Enlace, una movilización de tropas presentada oficialmente como una actividad institucional.
En 1993 ocurrió el Boinazo, cuando comandos armados y uniformados se concentraron en las cercanías del edificio de las Fuerzas Armadas mientras avanzaban las investigaciones.
Ambos episodios fueron interpretados como demostraciones de fuerza destinadas a proteger al exdictador y a su familia frente a la justicia civil.
El caso fue finalmente cerrado sin condenas. Sin embargo, reveló tempranamente la mezcla entre poder militar, negocios familiares e intimidación institucional que posteriormente reaparecería en el Caso Riggs.
Comisiones por armas y otras operaciones bajo sospecha
Otra arista examinada por la justicia estuvo relacionada con comisiones provenientes de compras y ventas de armamento.
Durante la dictadura y los años en que Pinochet siguió al mando del Ejército, Chile realizó importantes operaciones militares. Investigadores analizaron depósitos, intermediarios y pagos que podían guardar relación con esas adquisiciones.
Algunos de esos antecedentes fueron incorporados al Caso Riggs para intentar explicar el origen de depósitos detectados en el extranjero.
No todas las operaciones sospechosas terminaron en condenas. La complejidad de las sociedades, el paso del tiempo, la reserva militar y el uso de intermediarios dificultaron reconstruir completamente el origen del patrimonio.
Por esta razón, es necesario evitar dos extremos: no puede afirmarse que cada depósito fuera producto de una operación ilegal, pero tampoco puede sostenerse que la fortuna estuviera plenamente justificada.
Londres: la detención que quebró la inmunidad de los exgobernantes
Pinochet no estuvo detenido en Londres por las cuentas secretas ni por delitos económicos. Cuando fue arrestado, el Caso Riggs todavía no había sido descubierto.
El exdictador viajó al Reino Unido en septiembre de 1998 para someterse a una intervención médica. El 16 de octubre de 1998, mientras permanecía en una clínica londinense, fue detenido debido a una orden solicitada por el juez español Baltasar Garzón.
La justicia española investigaba crímenes cometidos durante la dictadura contra ciudadanos españoles y de otras nacionalidades. La solicitud de extradición incluía acusaciones relacionadas con torturas, desapariciones, asesinatos y conspiración para cometer crímenes internacionales.
El debate se concentró en dos preguntas fundamentales:
¿Podía España juzgar delitos cometidos principalmente en Chile?
¿Gozaba un exjefe de Estado de inmunidad por actos realizados mientras gobernaba?
La Cámara de los Lores concluyó que la tortura no podía considerarse una función legítima de un jefe de Estado y que, por tanto, Pinochet no disfrutaba de inmunidad absoluta frente a esas acusaciones.
Sin embargo, la legislación británica limitó los hechos susceptibles de extradición. La parte principal del procedimiento quedó circunscrita a torturas y conspiraciones posteriores al 29 de septiembre de 1988, fecha relacionada con la incorporación de la Convención contra la Tortura al derecho británico.
Pinochet permaneció alrededor de 503 días bajo arresto en el Reino Unido, principalmente en una residencia vigilada.
En marzo de 2000, el ministro británico del Interior, Jack Straw, decidió no continuar la extradición después de recibir informes médicos que sostenían que Pinochet no se encontraba en condiciones de enfrentar un juicio.
El general regresó a Chile.
No fue absuelto. Tampoco se dictó una sentencia que declarara falsas las acusaciones. El proceso se interrumpió por una decisión administrativa basada en su estado de salud.
Su regreso provocó además una fuerte controversia: al arribar a Santiago, Pinochet se levantó de la silla de ruedas que había utilizado durante su salida del Reino Unido, caminó y saludó a sus partidarios, alimentando las sospechas sobre la gravedad real de sus incapacidades.
Pese a que no fue extraditado, el caso dejó un precedente histórico para la justicia internacional: un antiguo jefe de Estado podía ser detenido fuera de su país y perder su inmunidad frente a acusaciones de tortura.
La denuncia de Manuel Contreras sobre una red de cocaína
La acusación más grave y menos concluyente surgió desde el interior de la propia estructura represiva de la dictadura.
Manuel Contreras, fundador y director de la DINA, aseguró que Augusto Pinochet y miembros de su familia se habían enriquecido mediante la fabricación y el tráfico internacional de cocaína.
En 2006, Contreras ratificó sus declaraciones ante un fiscal. Afirmó que en instalaciones relacionadas con el Ejército se producía una sustancia conocida como “cocaína negra”, destinada a evitar su detección durante el transporte.
También vinculó esas operaciones con el químico Eugenio Berríos, antiguo colaborador de la DINA, relacionado con la fabricación de sustancias químicas y posteriormente asesinado en Uruguay.
Según la versión de Contreras, la droga habría sido enviada desde Chile hacia Europa y Estados Unidos utilizando estructuras vinculadas al aparato militar.
La acusación adquirió impacto porque provenía del hombre que había dirigido la policía secreta de Pinochet. Pero también debía ser examinada con cautela.
Contreras era un condenado por graves violaciones de derechos humanos, mantenía disputas con Pinochet y podía intentar desplazar responsabilidades hacia su antiguo superior. Su testimonio, por sí solo, no bastaba para acreditar la existencia de la red.
Talagante, Eugenio Berríos y las declaraciones de Iván Baramdyka
Las denuncias no se limitaron a Manuel Contreras.
En 1993, el narcotraficante estadounidense de origen colombiano Frankell Iván Baramdyka declaró que desde el Complejo Químico del Ejército, ubicado en Talagante, se comercializaban sustancias utilizadas para procesar cocaína sin los controles correspondientes.
Baramdyka también entregó antecedentes sobre relaciones con integrantes del entorno de Pinochet y sobre operaciones internacionales.
Años después, documentos incorporados a cuadernos separados del Caso Riggs mostraron que agencias estadounidenses habían recibido información sobre posibles nexos entre miembros de la familia Pinochet y personas investigadas por narcotráfico.
La figura de Eugenio Berríos aparece reiteradamente en estas historias. Berríos fue un químico asociado a la DINA y a proyectos clandestinos de la dictadura. En 1991 salió secretamente de Chile y fue trasladado a Uruguay, presuntamente para impedir que declarara ante la justicia.
Su cuerpo fue encontrado en 1995. La justicia estableció posteriormente que había sido secuestrado y asesinado.
La muerte de Berríos eliminó a uno de los testigos que podía conocer directamente actividades químicas y operaciones clandestinas de los organismos represivos.
Los negocios de los hijos de Pinochet con personas vinculadas a narcotraficantes
En 2023, una investigación de CIPER examinó documentos judiciales, registros comerciales e informes provenientes de Chile, Colombia, Canadá, Estados Unidos, Panamá y España.
Los antecedentes mostraron que Marco Antonio Pinochet Hiriart y Augusto Pinochet Hiriart mantuvieron vínculos comerciales con la empresa Focus Chile, relacionada con Edgardo Bathich.
Según la documentación revisada, la sociedad estaba conectada con narcotraficantes colombianos, con uno de los principales traficantes de drogas de Canadá y con representantes del entorno del comerciante internacional de armas Adnan Khashoggi.
La investigación también accedió a un informe confidencial de la DEA que mencionaba a los hijos de Pinochet y entregaba pistas sobre sus relaciones con personas investigadas por narcotráfico.
Los documentos acreditan la existencia de vínculos comerciales. No prueban automáticamente que cada integrante de la familia conociera o participara en todas las actividades ilícitas de sus socios.
La diferencia es fundamental para evitar convertir una asociación comprobada en una culpabilidad penal que nunca fue establecida mediante sentencia.
CIPER también reconstruyó conexiones entre narcotraficantes peruanos, antiguos agentes de la DINA, empresarios y abogados cercanos a la dictadura. Los documentos mostraron que estas relaciones no constituían episodios aislados, sino una trama de contactos políticos, empresariales y financieros que se extendía por distintos países.
¿Existió realmente “la red de tráfico de cocaína de Pinochet”?
La respuesta responsable exige distinguir entre antecedentes históricos y prueba judicial.
Está documentado que:
Manuel Contreras acusó directamente a Pinochet de narcotráfico;
las acusaciones fueron entregadas a fiscales y jueces;
Iván Baramdyka declaró sobre sustancias químicas y operaciones relacionadas con Talagante;
Eugenio Berríos participó en actividades químicas clandestinas de la DINA;
informes y documentos mencionaron a hijos de Pinochet;
miembros de la familia mantuvieron negocios con sociedades controladas o vinculadas a narcotraficantes y traficantes de armas.
Pero no existe una sentencia penal firme que haya establecido que Augusto Pinochet:
dirigió personalmente una red de narcotráfico;
ordenó producir cocaína;
controló rutas desde Talagante hasta Miami;
o recibió directamente ganancias procedentes de la venta de drogas.
Por consiguiente, el titular difundido en redes sociales —“La red de tráfico de cocaína de Pinochet”— presenta como hecho definitivamente probado una hipótesis que no alcanzó ese estándar judicial.
Una formulación más rigurosa sería:
“Las denuncias y documentos que vincularon al entorno de Pinochet con una presunta red internacional de narcotráfico.”
La precisión no pretende exculpar al exdictador. Busca diferenciar los hechos comprobados de las acusaciones que, aunque graves y respaldadas por ciertos antecedentes, no llegaron a una condena.
Lo comprobado y lo que permaneció bajo sospecha
Hechos acreditados documental o judicialmente
Pinochet mantuvo cuentas bancarias secretas en Estados Unidos y otros países.
Utilizó nombres alternativos y pasaportes falsificados para operar o identificar algunas cuentas.
Su patrimonio fue distribuido entre sociedades, depósitos e inversiones diseñadas para ocultar al verdadero beneficiario.
El Riggs Bank colaboró en el manejo y traslado secreto de sus fondos e incumplió normas contra el lavado de dinero.
La justicia chilena condenó a colaboradores por malversación de caudales públicos y ordenó el comiso de bienes relacionados con el patrimonio de Pinochet.
Una sentencia civil de primera instancia de 2025 ordenó a sus herederos restituir más de US$16,2 millones, al considerar que formaban parte del patrimonio de origen ilícito que no había sido decomisado.
Pinochet estuvo detenido en Londres por una solicitud de extradición relacionada con torturas y otros crímenes internacionales, no por delitos económicos.
Antecedentes que no terminaron en condena contra Pinochet
Las denuncias de producción de cocaína en instalaciones militares.
La supuesta exportación de droga hacia Europa y Estados Unidos.
La participación personal de Pinochet como jefe de una red internacional de narcotráfico.
El origen ilegal de la totalidad de su patrimonio investigado.
Un hombre que murió sin recibir sentencia definitiva
Augusto Pinochet murió a los 91 años sin haber recibido una condena penal firme.
Esa ausencia de sentencia no equivale a una declaración de inocencia.
Durante sus últimos años fue desaforado, procesado, interrogado y sometido a arrestos domiciliarios en distintas causas. Sus defensas recurrieron reiteradamente a informes sobre demencia, deterioro neurológico e incapacidad para enfrentar un juicio.
Al mismo tiempo, concedió entrevistas, realizó declaraciones políticas y administró asuntos personales, lo que generó cuestionamientos sobre la verdadera extensión de sus problemas de salud.
Su muerte extinguió las causas penales pendientes en su contra. La justicia pudo continuar investigando a colaboradores, decomisar bienes y perseguir civilmente a los herederos, pero ya no podía imponerle personalmente una pena.
Conclusión: la otra estructura clandestina de la dictadura
La dictadura chilena no construyó únicamente un aparato secreto para perseguir, torturar y hacer desaparecer opositores. Con el paso de los años también apareció una estructura financiera clandestina destinada a esconder el patrimonio de quien encabezó el régimen.
Las cuentas del Riggs Bank, las sociedades instrumentales, los nombres falsos, los pasaportes adulterados y los movimientos fraccionados de dinero demostraron que Augusto Pinochet no conservaba simplemente ahorros familiares. Administraba una fortuna oculta mediante procedimientos diseñados para impedir su rastreo.
La justicia chilena concluyó que parte de esos recursos estaba relacionada con la malversación de fondos públicos. La muerte del exdictador impidió una condena penal personal, pero no eliminó las pruebas, las condenas contra sus colaboradores ni las decisiones que ordenaron recuperar bienes.
Las acusaciones de narcotráfico abren un capítulo diferente. Existen testimonios, documentos, informes reservados y negocios familiares con personas relacionadas con el tráfico de drogas y armas. Estos antecedentes justifican su investigación histórica y periodística.
Sin embargo, nunca se estableció mediante sentencia que Pinochet dirigiera personalmente una red de cocaína desde Talagante hasta Miami. Presentarlo de esa manera sin advertencia transforma una acusación grave en una certeza que los tribunales no alcanzaron a confirmar.
La conclusión más sólida no necesita exageraciones: Augusto Pinochet murió dejando una fortuna clandestina, múltiples identidades financieras, documentación falsa, fondos asociados a la apropiación de recursos estatales y una extensa red de relaciones y sospechas que la justicia nunca logró esclarecer completamente.
El mismo régimen que negó durante décadas los crímenes contra sus opositores también ocultó los negocios y el patrimonio de su principal autoridad. Con el tiempo, las cuentas bancarias hablaron donde durante años imperaron el silencio, el secreto militar y la impunidad.
Comentarios (3)
- Lectora de Coyhaique
Excelente cobertura. Ojalá se profundice en el impacto para las comunidades.
- Redacción Viento Patagón
Gracias por leernos. Estamos preparando una segunda entrega con ese foco.
- Vecino de Aysén
Tema clave para la región. Importante seguir informando con rigor.
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