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Los Pitucos Difamadores de la política chilensis: el delito siempre es del otro.

Lo que parece el título de una tele novela, exhibida en pantallas de los canales nacionales, suele ser una cruda realidad para los adversarios políticos…

Víctor Reyes2 min de lectura

Protagonizada por: parlamentarios convertidos en investigadores, jueces y verdugos, siempre que el acusado sea un adversario político.
Con actuaciones especiales de:
Jaime Orpis, exsenador UDI, condenado por fraude al fisco y cohecho en el Caso Corpesca.
Jovino Novoa, expresidente de la UDI, condenado por delitos tributarios en el Caso Penta.

Marta Isasi, exdiputada vinculada a la derecha, condenada por cohecho en el Caso Corpesca.

Karen Rojo, exalcaldesa apoyada por Chile Vamos, condenada por fraude al fisco.

Raúl Torrealba, histórico exalcalde de RN, formalizado por graves delitos económicos; su responsabilidad definitiva debe establecerla la justicia.
La diferencia es sencilla: estos nombres no provienen de una teoría publicada en redes sociales, sino de condenas o procesos judiciales reales.
Y precisamente por eso hay que distinguir entre condenados, imputados y simples acusados, una delicadeza que los difamadores televisivos rara vez conceden a sus adversarios.
El argumento de la película es brillante: los protagonistas buscan desesperadamente al ladrón detrás del juez, revisan los bolsillos del enemigo y levantan una nube de sospechas… hasta que la cámara gira lentamente y enfoca a los condenados, formalizados y financiadores irregulares sentados en las primeras filas de su propio partido.
“Los pitucos difamadores”: una comedia negra donde los guardianes de la moral siempre descubren el delito en otra casa, porque mirar debajo de su alfombra podría arruinarles el final.
Y al final, la película se repite: Calisto por Aysén, Kusanovic por Magallanes, Camila Flores por Valparaíso.
Distintas regiones, distintos partidos, pero el mismo libreto: acusar con estridencia al adversario y pedir prudencia cuando la sospecha se acerca a los propios.

Porque en esta función política los “pitucos difamadores” siempre apuntan el reflector hacia afuera, mientras detrás del juez se amontonan los prontuarios, las formalizaciones y los silencios convenientes.

El problema no es que busquen ladrones: es que, de tanto mirar al frente, nunca revisan quiénes están sentados en su propia fila.

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Víctor Reyes
Redacción · 1 de agosto de 2026 · 18:23

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